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viernes, 2 de marzo de 2012

Un poema para el fin de semana #6

Cuánto hacía que no compartía un poema en el blog. Ayer, cuando estaba en el trabajo, un compañero me trajo a la memoria el Diario de un poeta recién casado, de Juan Ramón Jiménez. En concreto, el tercer poema de la primera parte, titulada Hacia el mar, donde cobra un simbolismo especial el anillo de compromiso del poeta. No se trata solo de un símbolo del matrimonio, sino de una unión más profunda, sanguínea y física de dos amantes. De sobra es conocido el espíritu frágil y dependiente de Juan Ramón, que halló en su mujer Zenobia un apoyo fundamental.

Sin más, os dejo con el poema.

Mientras trabajo en el anillo de oro
puro me abrazas en la sangre
de mi dedo, que luego sigue, en gozo,
contigo, por toda mi carne.
¡Qué bienestar! ¡Cómo mis fuertes venas
de ti van, dulces embriagándose,
cual de una miel celeste que tuviera
la luz en los eternos cálices!
Mi corazón entero pasa, río
vehemente y noble, bajo el suave
anillo que, por contenerlo, en círculos 
infinitos de amor se abre.


¿No es precioso ese abrazo en la sangre? Cuánto erotismo y sencillez hay en este poema.

Un beso y feliz fin de semana.
Teresa

viernes, 23 de septiembre de 2011

Un poema para el fin de semana #2


Este fin de semana he vuelto a casa. Cuando tienes que mudarte a otro pueblo o ciudad por trabajo y no porque realmente te apetezca empiezas a darte cuenta de lo mucho que echas de menos tu casa. Yo me arrepiento de haber dicho que me aburría en Sevilla, que era una ciudad pequeña y en la que no podías hacer nada interesante. Ahora que vivo en un pueblo mucho más pequeño y lejísimos de cualquier capital me doy cuenta de lo mucho que echo de menos mi ciudad.

Como me he puesto algo nostálgica, os dejo un poema un poco triste, pero que me encanta.

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

El viaje definitivo, Juan Ramón Jiménez
Poemas agrestes (1910-1911)